Eucaristía Semana Calasanz 2022

Para ti, mi amada calasancia,

para ti, calasancio, amado mío,

para ti, esta carta en el día mismo en que tú me recuerdas,

en el día mismo en que anhelas estar cerca de mí,

como yo sueño cada día, cada instante, cada momento, con permanecer cerca de ti.

 

Y es que, cuánto deseo comunicarte,

con cariño paterno y caridad,

el espíritu que Dios me ha dado.

Por eso, te invito, con todo el amor posible,

a que me permitas venir a estar cerca de ti,

para que aprendas el camino angosto que lleva al cielo,

el cual, una vez aprendido,

se torna fácil y seguro.

 

Cerca de ti, ser y estar cerca de ti, es algo que te deseo con todas mis fuerzas, pues es algo que veo que te cuesta inmensamente. Este mundo y este tiempo en el que hoy vives, hacen todo lo posible por mantenerte lejos de ti. Sin darte cuenta de ello, existes fuera de ti la mayor parte del tiempo, sin prestar atención a la voz de Dios que habla en tu interior y que viene y va sin que sepas de dónde viene y adónde va, sin escuchar las conversaciones del hombre interior que habla en tu corazón. Vives afuera y afuera, en la intemperie, sin contactar con tu alma, te mantienes. Crees equivocadamente que tus angustias, tristezas, ansiedades y soledad proceden de dentro, cuando, en verdad, te son inoculadas desde fuera. Afuera las opiniones que te desconciertan, los juicios que te afligen, las críticas que te marchitan, las burlas que te hieren, las palabras de desamor que te hunden. Afuera los rompimientos, separaciones, abandonos y daños que te han regalado, incluso, los que dicen quererte. Afuera las diversiones que te llenan de ruido y superficialidad, que te marean con un bullicio constante que te amputa la conexión con tu interioridad. Afuera los malos consejos de los aún más malos amigos, afuera los vicios que te ofrecen como si fueran experiencias de liberación y gozo, afuera el desorden de vida que te proponen como si allí estuviera tu oportunidad para ser feliz. Afuera las redes y afuera los videos y afuera la música estridente y afuera todas las presiones para que no seas tú, sino que seas como son los otros, para que dejes de ser original y te conviertas, como se han convertido los demás, en simples fotocopias. Afuera, sí, afuera, todo lo que te mantiene aprisionado, lejos, muy lejos de ti. Por eso, hoy te pido que te dejes llevar por el camino que los demás no suelen usar y que, justo por ello, parece angosto y difícil; pero que, en verdad, es hermoso y resplandeciente, el camino que te lleva cerca de ti, que te comunica con tu corazón. Allí, allí adentro, en tu interior más interior, habita lo que buscas fuera sin encontrarlo jamás. Allí, allí adentro, en el corazón de tu corazón, está la Verdad con la que Dios te hizo, la Belleza ¾su misma belleza¾ que Él puso en ti, y tu Bondad, esa bondad esencial que crees haber perdido, pero que está guardada y protegida por el Amor Divino dentro de ti. Allí, allí adentro, en el alma de tu alma, está la certeza de saberte amada, de saberte amado, porque allí, allí en lo profundo de ti, está la paz.

 

Hoy, en mi día que es tu día, te pido que tomes mi mano, te dejes guiar en la noche, y vengas cerca de ti para encontrar la luz.

 

Cerca de ti, cerca, muy cerca, es la misión que yo dejé a la Escuela que con tanto amor, tanto sacrificio y tanta esperanza fundé. Al andar por las callejuelas de aquella Roma del 1600, contemplé a lo lejos a los niños, los niños lejos de Dios y muy cerca del pecado, los niños lejos de la Verdad y muy cerca del error. Y por ello, quise fundar una Escuela que estuviera cerca, y los acercara a la Piedad, y los acercara a las Letras. ¿Sabes? Entonces, y aún hoy, el lugar más peligroso para los niños es la calle, pues en la calle los niños están lejos del amor que los protege. Por eso, pensé en una Escuela que habría de acompañar siempre a los niños, una Escuela que los vea y no los pierda de vista, que los escuche y no se canse de escucharlos, que se conmueva por ellos, que se compadezca de ellos, y que vaya con ellos de la casa al Colegio y los lleve del Colegio a la Eternidad. Pensé en una Escuela que, con la Piedad, llevara a los niños al encuentro con el Espíritu de Dios que habita en ellos, en el santuario precioso de sus almas. Una Piedad que es conocimiento de Dios, de su inmensa bondad, gracias e infinito amor, que es, también, contacto con Él en la intimidad de la oración y la plegaria; pero que es, ante todo, aprender una manera de vivir sin maldad, una manera de vivir como Jesús, el Maestro y el Señor, vivió. Y pensé en una Escuela que, con las Letras, condujera a los niños a la hermosura de la ciencia humana, para que se encontraran con lo mejor del espíritu del hombre, de ese espíritu que ha querido comprender los misterios que le rodean, el cómo conocemos, el cómo deberíamos comportarnos, aquello de quiénes somos, e, incluso, lo que se nos es dado aguardar como esperanza. Sí, unas Letras que, junto con la Piedad, constituyen mi sueño de que tú te alejes del pecado y de la ignorancia, y te acerques a la Verdad.

 

Hoy, en mi día que es tu día, te suplico que dejes a mi Escuela estar cerca de Ti, para que ella te acompañe en el camino de tu existencia y, por la Piedad y las Letras, te lleve al feliz transcurso de toda tu vida, a tu plenitud.

 

Cerca de ti, cerca, muy cerca, aún más cerca, tan cerca que no lo ves, tan cerca que no lo escuchas, tan cerca que a veces lo crees ausente, tan cerca que piensas que no está, cerca, muy cerca de ti, está el Señor. Una vez le preguntaron los discípulos quién era el más grande para Dios, y Él puso en medio, cerca muy cerca, a un niño, a un niño como tú, y dijo que solo entendían a Dios quienes fueran como niños, como esos niños a los que Él abrazaba y bendecía. Cerca, muy cerca de ti está Dios. No lo notas, pero siempre está ahí. Acompaña tus juegos, te ve saltar en el parquecito y rodar en el arenero, llora cada una de tus pequeñas lágrimas, desgrana su risa con tu risa, abraza contigo a tus amiguitos y amiguitas, comparte tu merienda, sueña en tus sueños, se aporrea con tus golpes, se cae cuando te caes, te levanta cuando te levantas, sangra por donde sangras y te cura para que cures. Reza contigo cuando rezas, ilumina tu mente para que todo lo entiendas, te da bonitas palabras para que te expreses y perdona las que jamás deberías haber dicho. Patea el balón contigo, corre descalzo contigo por el prado, recibe la luz del sol en tu piel, siendo Él la verdadera luz que te ilumina. Pone amor en tu corazón y se enamora cuando te enamoras y llora tus llantos cuando tus pequeños amores se frustran. Él es el amigo que te consuela y acompaña, sobre todo en esos días grises en los que no ves a tu alrededor, amigos que realmente te quieran. Cuando todo se te vuelve pesado, Él te hace fuerte; cuando todo se vuelve oscuro, Él te pone una estrellita en el horizonte; cuando tienes miedo, Él te infunde valor; cuando ya nada tiene sentido, Él te regala un rayito de esperanza; Él es el estremecimiento interior que te causa el sufrimiento de otros y es, también, ese deseo que sientes de dar algo por alguien y entregarte por hacer un mundo mejor. Él es el calorcito que te conforta en las noches, sobre todo en las noches más oscuras, las de tu soledad y tu tristeza. Él ha crecido contigo, ha contemplado maravillado los cambios de tu precioso cuerpo, y te mira con el orgullo con el que un padre contempla a su hijo o hija. Nunca te ha dejado, ni siquiera cuando piensas que te ha dejado, ni menos aún cuando tú lo has dejado. Siempre ha estado, siempre está y siempre estará cerca de ti.

 

Hoy, en mi día que es tu día, te invito a ver al Invisible, y a dejarlo estar cerca de ti, porque si mantienes a Dios cerca de ti, cerca, muy cerca, aún más cerca, tendrás el gozo de quien sabe que lleva dentro la presencia viviente de Dios, su gloria, esa gloria que te ayudará a vivir la vida haciendo el bien a los demás. Porque, al fin de cuentas, eso fue lo que yo te dejé como legado: vivir para la gloria de Dios y la utilidad del prójimo.

 

Dicen que hoy es mi día.

Me he enterado que habrá una linda Eucaristía y cantos, y juegos, y alguna tarta compartida, y risas, tus risas… Y algunas lágrimas por un Juan Felipe que se marchó de tu colegio, y se vino a estar conmigo en el Cielo.

Te preguntarás que dónde estoy…, y yo te digo que estoy y estaré contigo.

Porque soy José de Calasanz y Dios me pidió que estuviera para siempre CERCA DE TI.

 

Con mi amor…

 

Calasanz

 

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